La gestión del riesgo es uno de los aspectos fundamentales a la hora de participar en los mercados financieros. Mientras que el análisis técnico puede ayudar a estudiar el comportamiento del precio, la gestión del riesgo se centra en una cuestión diferente: cuánto capital estamos dispuestos a poner en riesgo y cómo podemos limitar las posibles pérdidas.
En cualquier operación existe incertidumbre. Una estrategia puede funcionar muchas veces y, aun así, producir operaciones negativas. Por eso, una buena gestión del riesgo no pretende eliminar las pérdidas, sino evitar que una sola operación o una mala racha tenga consecuencias excesivas sobre el capital disponible.
En este artículo veremos algunos de los conceptos básicos de la gestión del riesgo y por qué deberían formar parte de cualquier metodología de análisis y toma de decisiones en los mercados.
El riesgo forma parte de cualquier operación
Ninguna operación financiera ofrece una garantía absoluta de resultado.
Incluso cuando el análisis parece favorable, pueden producirse movimientos inesperados debido a cambios en las condiciones del mercado, noticias, volatilidad o simplemente porque la previsión realizada no era correcta.
Por este motivo, antes de plantear una operación conviene hacerse algunas preguntas:
- ¿Cuánto capital estoy dispuesto a arriesgar?
- ¿Dónde quedaría invalidada mi idea de mercado?
- ¿Cuál sería la pérdida máxima asumible?
- ¿Qué tamaño debería tener la posición?
- ¿La posible pérdida es coherente con mi capital disponible?
- ¿Qué ocurriría si encadeno varias operaciones negativas?
Estas preguntas ayudan a trasladar la atención desde el resultado de una operación concreta hacia la conservación del capital a largo plazo.
El tamaño de la posición
Uno de los conceptos más importantes de la gestión del riesgo es el tamaño de la posición.
No todas las operaciones deberían tener necesariamente el mismo tamaño. La cantidad que se decide invertir puede depender de factores como la distancia hasta el nivel de salida previsto, la volatilidad del activo y el riesgo máximo que se haya establecido previamente.
Por ejemplo, dos operaciones pueden tener el mismo capital invertido pero presentar niveles de riesgo muy diferentes.
Por eso es importante distinguir entre cantidad invertida y cantidad realmente expuesta a pérdida.
Una gestión adecuada intenta que el tamaño de cada operación sea compatible con el riesgo que se ha decidido asumir.
El stop loss
El stop loss es una herramienta utilizada para establecer un nivel en el que una posición se cerraría si el mercado se mueve en contra de la hipótesis planteada.
Su finalidad principal es limitar una pérdida potencial.
El stop loss no garantiza que la pérdida final sea exactamente la prevista, ya que en determinadas circunstancias el precio puede experimentar movimientos bruscos o saltos. Sin embargo, puede formar parte de un sistema destinado a controlar el riesgo de una operación.
La ubicación del stop debería estar relacionada con la lógica de la operación y con el punto en el que la hipótesis dejaría de tener sentido.
Colocar un stop simplemente a una distancia arbitraria del precio puede no ser suficiente. Es preferible que exista una razón objetiva para determinar dónde se considera que la operación ha quedado invalidada.
Riesgo y recompensa
Otro concepto habitual es la relación entre el riesgo asumido y la posible recompensa.
Imaginemos una operación en la que se contempla una pérdida potencial de 100 unidades monetarias y un objetivo potencial de 200. En ese caso, la relación entre recompensa y riesgo sería de 2 a 1.
Esta relación no significa que la operación vaya a terminar necesariamente con beneficio.
Una operación con una relación favorable entre riesgo y recompensa también puede acabar en pérdidas. Lo importante es analizarla dentro del conjunto de operaciones y de la metodología utilizada.
Por tanto, riesgo y recompensa deben analizarse conjuntamente con la probabilidad de éxito de la estrategia.
La importancia de preservar el capital
Una de las ideas centrales de la gestión del riesgo es que el capital disponible es un recurso limitado.
Una pérdida pequeña puede recuperarse mediante operaciones posteriores. Sin embargo, cuanto mayor es el porcentaje de capital perdido, más difícil resulta recuperar la cantidad inicial.
La diversificación puede ser otra herramienta para gestionar determinados riesgos…
Por ejemplo, una pérdida del 10 % no se recupera simplemente obteniendo posteriormente un beneficio del 10 %. Para volver al capital inicial después de perder un 10 %, sería necesario obtener aproximadamente un 11,1 % sobre el capital restante.
Esto muestra por qué controlar las pérdidas puede ser más importante que intentar maximizar el beneficio de cada operación.
Las rachas de pérdidas
Incluso una estrategia que históricamente haya producido buenos resultados puede atravesar una racha de operaciones negativas.
Por este motivo, la gestión del riesgo debería contemplar también escenarios adversos.
Algunas preguntas útiles son:
- ¿Qué ocurriría después de cinco operaciones consecutivas con pérdidas?
- ¿El tamaño de las posiciones seguiría siendo razonable?
- ¿La estrategia podría continuar funcionando sin comprometer demasiado capital?
- ¿Existe un límite a partir del cual debería revisarse la metodología?
Pensar previamente en estos escenarios ayuda a evitar decisiones impulsivas cuando las condiciones del mercado se vuelven desfavorables.
Gestión del riesgo y disciplina
La gestión del riesgo no depende únicamente de cálculos. También requiere disciplina.
Una estrategia puede establecer previamente un nivel máximo de riesgo, pero ese control pierde utilidad si posteriormente se modifican las reglas por miedo, euforia o deseo de recuperar rápidamente una pérdida.
Uno de los errores más habituales consiste precisamente en aumentar el riesgo después de una operación negativa con la intención de recuperar el dinero perdido.
Esta conducta puede convertir una pérdida controlada en un problema mucho mayor.
Por eso, establecer unas reglas antes de operar puede ayudar a mantener una actuación más consistente.
Conclusión
La gestión del riesgo es una parte esencial de cualquier metodología aplicada a los mercados financieros.
No permite eliminar las pérdidas ni garantiza resultados positivos. Su función es diferente: ayudar a controlar cuánto capital puede ponerse en riesgo y evitar que una operación o una racha negativa comprometa excesivamente el capital disponible.
Conceptos como el tamaño de la posición, el stop loss, la relación entre riesgo y recompensa y la preservación del capital forman parte de una estructura básica que conviene comprender antes de tomar decisiones en los mercados.
El objetivo no debería ser acertar siempre, sino desarrollar un método en el que las pérdidas puedan mantenerse bajo control y los resultados puedan analizarse con una perspectiva de largo plazo.
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